lunes, 24 de septiembre de 2012

El grito

El otro día en esa playa, esa que conocíamos sólo tú y yo. La desesperación es enorme, rodillas en la arena, cabeza gacha: maldiciendo tu suerte, tu vida, tus acciones hechas y no hechas. Te tienen comiendo el polvo, tocando fondo, has perdido lo que te dio felicidad, el mundo que construiste se vino abajo y ahora estás sólo. Alzó la mirada, con la cara empapada en lágrimas y gritó: "¡Sólo dame un respiro, sólo un aire para poder seguir peleando, no me dejes caer!". El desahogo sirve para que él pueda recobrar una mirada de esperanza, aún no ha terminado.

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