Poco a Poco
Desterrado el alcohol de la piel, ya hace años, me encierro en este paraíso blanco y melón entre cuatro paredes (sí, mi pieza es color melón y que tanto). Desconfío un poco del blanco eso sí, por ser demasiado religioso y pacífico (a veces hasta puritano). Cualquiera diría, qué bien se está aquí, qué apacible esta casi soledad y esta tristeza que apenas es cosquilla, este poroto que crece en el macetero y esa semi calva. Quién diría que es violación y encarcelamiento, quién diría que la libertad no puede ser este silencio apresado en botella transparente como cualquier barquito de colección, quién lo diría más que yo, esperando casi con ansias ese momento en que vienen los “limpios de corazón” a juzgar mi capricho “librepensador” y a ponerme en la silla-sillón-banquillo de los acusados, que es para mí más trono que banquillo-sillón-silla, trono porque truena como la tormenta que cae libre cuando yo me voy en la tan despreciada profundidad del alma, despectivismo malhumorado, eufemismo pretencioso para cualquiera que ose proyectar el conflicto en la subjetividad del ser. ¿La subjetividad del ser?, ¡que arrogancia más grande!. La materialidad, las condiciones, los análisis ciertos, la sub-ovejidad misma con piel de lobo-objetivísimo, conciencia pero sin corriente de conciencia, organización en el sentido más organigrama-empresarial del término. ¿La revolución?, la pieza del frente para el sacrificio, un peón peleando contra el rey. Anacrónico, romántico, atemporal como el amor, pero no, el amor no existe y la revolución no es jamás anacrónica, no es jamás subjetiva como el amor.
El viento
trae una carta que no quiero ir a recoger, ya harto de los mensajes encriptados
y las mentiras, las sonrisas falsas, el abrazo y la cuchillada por la espalda.
Hará falta un poco más de alcohol para obtener alguna pizca de honestidad, algo
que me deje ver a través de los barrotes de su celda y a través también de los
míos, y es allí donde de nuevo lo objetivo cae, son tantas celdas y tantos
barrotes que nublan la vista, tantas corazas de tanta gente cobarde… Hará falta
un beso para sacarle verdades… Es tan narciso el amor, tan masoca como la
falsedad misma, al fin y al cabo un espejo para nuestras arrogancias sufridas.
¿Pero qué
tiene que ver el amor con el conflicto, las cadenas y los barrotes?, qué tiene
que ver la dulce tortura con la amarga felicidad, qué tiene que ver romper
corazones con la sociedad nueva. El pueblo, el abstracto del pueblo, ¿Qué es el
pueblo mas allá del discurso baladí?, qué tiene que ver que yo hable de pueblo
con que te cague y te mienta si tú no eres el pueblo y tampoco lo soy yo, el
pueblo es otra cosa distinta de esta asquerosa humanidad que me hace
arrastrarte por el suelo y quebrarte, usarte, mentirte para correr a otros
brazos que me estrangulen y torturen más que tú.
Un
odiador profesional de las injusticias, camoteador de oficio, valiente
luchador, en fin, un hueón definitivamente valórico. Un revolucionario del
facebook, recientemente sumado a la pelea social, un Action Man que defiende la
igualdad social disparando rayos por el culo. Crónica de una muerte anunciada
para nuestra sociedad de mujeres y hombres nuevos, la conciencia fosilizada, el
peón contra el Rey. El Rey, el plebeyo, el fusil. El fusil, los corazones
rotos, la reina.
Y la puta,
sí la puta, la puta que nos parió.
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