La marcha de los cerdos
La marcha de los cerdos
De las
muchas cosas que odio en la vida, creo que una de las que ocupan los primeros
lugares es esa desagradable sensación de que te usen, de que aprovechen tus
servicios, te estrujen y después te tiren a la basura como a una cáscara de
limón o como a un pañuelo desechable con el que te limpiaste la rinorrea
matutina tres días seguidos, te acordaste que lo tenías en el bolsillo y lo
tiras con asco al basurero más cercano. Muchas veces cometo el error de ser
demasiado útil solo porque puedo serlo, y es así como los cerdos se acostumbran
a que se les dé de comer, con la salvedad de que los cerdos son MUCHO más
agradecidos que los hombres, mucho más limpios.Me cago en
los supuestos políticos, me cago en los supuestos cientistas políticos, sociólogos
que se autodenominan analistas de la sociedad, licenciados en historia que sólo
ven el periodo histórico desde su propio binocular y son incapaces de ver que el que está al
lado también es Pueblo. ¿Qué mierda de revolución haremos con esta tropa de
individualistas miedosos, que apenas un par les tiende su mano huye despavorido?
¿Qué acaso revolucionando la calle a punta de camote (cosa que me encanta)
lograremos destruir la sociedad para construir una nueva, si primero no se ha
revolucionado la mente? Se me ha llamado cobarde, pero juro por mi honor que
puedo ser mañoso, loco, indisciplinado y pajero antes que aquello, pues nada
hay en este mundo que odie más que a los PUSSIES, nada hay que aborrezca más que
a la gente que no se atreve.Yo me atrevo,
yo pienso, siento y digo, yo odio, quiero, amo y la peleo... Yo
voy de cara a la vida sin esconder y sin temer. Libre para amar, Libre para luchar no me privaré por voluntad propia. Ni
aunque la muerte o la tortura me encontrasen.
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